Calle

por Felipe Aranda // Fotografía: Camino Glez Chamorro 

El 15M supuso un cambio vital para quienes aprendimos que la cultura popular es la verdadera vida de un pueblo. Las asambleas vinieron a despertarnos del letargo al que nos habíamos acostumbrado. 

Hace un año parecía imposible pensar en la calle como un espacio digno de difusión política o cultural. Hace un año la desesperación nos comía las entrañas. El aburrimiento, el hastío y la banalidad chorreaban por las paredes haciendo de la ciudad un lugar pegajoso.

Por supuesto, no quiero decir que todo fuese aburrido y banal, pero sí que quienes en ese momento añorábamos la calle no nos habíamos encontrado. O no sabíamos reconocernos. Espacios había y los sigue habiendo. En Criaojos (con más o menos felicidad) poníamos los ojos en los mercados y mercadillos.

Así, un año después y con el despertar que supuso la plaza vemos cómo, en la ciudad donde escribo esto, cada vez más gente se convoca a pie de calle para informar o dar cuerpo a una asamblea de discusión o toma de decisiones.

Hace un par de días un grupo de profesores universitarios, preocupados por el decretazo, se reunieron en los jardines del rectorado para discutir y organizar la defensa de la universidad. Dos o tres días más tarde, con Criaojos, leíamos poesía en una frutería y ahí nos reencontramos con unos amigos y amigas arquitectas que están trabajando en la recuperación de huertos urbanos de la mano de una asociación de parados. Una semana después, un grupo de poetas se solidarizaba con tres parados (y sus familias y vecinas) que emprendían ‒y todavía mantienen mientras redacto esto‒ una huelga de hambre indefinida.

En un tiempo de crisis como el que nos toca hay que arrimar el hombro. Aunque parece que no todo el mundo lo tiene claro, he enumerado un par de iniciativas populares -por llamarlas de alguna forma- que se tocan y, en algunos casos, se alimentan mutuamente.

El problema, siempre hay uno, es que hay ciertos actores sociales que aún no se dan por aludidos o, pienso, simplemente no quieren ver lo que está sucediendo ante sus narices.

Los intelectuales, artistas, poetas, editoras, gestores culturales y muchos de los profesores y profesoras de la universidad siguen sin animarse a participar. Por suerte, siempre hay amantes del deporte de aventura y de la complicidad en la amistad.

Si bien, como decía, ha habido cierto movimiento cultural callejero, este ha sido periférico, casi invisible y soterrado. Aunar las fuerzas es tarea de quienes andamos por ahí viéndonos la suerte en la cultura.

Pensar nuestro tiempo e interpretarlo es una responsabilidad que compartimos en Criaojos.

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