Jugando con líneas

por Néstor Cuenca // Fotografía: Andrea Suárez Solana

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A finales del pasado año 2011, se expuso en Gran Canaria una serie fotográfica que sintetizó veinte días veloces, el avance irrefrenable del que parecen constituirse algunos viajes. Escenarios europeos hubo cuatro: Dinamarca, Alemania, Polonia y Francia, casi irreconocibles, absorbidos por una geometría que desnuda, que explicita la esencia a la que Andrea se entregó bajo los postulados de su cámara.

Hay que intentar ver el mundo que nos rodea como si fuera la primera vez que lo vemos.

César Manrique

El esfumato fue una técnica incorporada por Leonardo da Vinci a la pintura al óleo. Consistía en dar a los objetos contornos vagos, difuminados, borrosos, con los que conseguía efectos atmosféricos en sus obras. Transitamos por la ciudad casi siempre con prisas, muchas veces de manera inconsciente, sin alzar la vista para mirar el escenario que nos rodea. Lo que supera la altura de nuestros ojos y de nuestro campo de visión se desvanece y nuestra imagen de la ciudad se reduce a gentes, coches, aceras y mobiliario urbano, lo que se alza sobre nuestra cabezas, como si de un cuadro renacentista se tratase, acaba convirtiéndose en eso, en un esfumato de líneas imprecisas. Detenerse y alzar la vista es un ejercicio que queda reservado para el viajero y el espíritu curioso.

Este último es el caso de Andrea. Sus fotos nos devuelven una visión inédita de una arquitectura que se puede antojar sobria y fría, y que revive bajo una mirada nueva e inquieta. Se revitaliza y se rinde a una forma diferente de mirar y descubrir. Como si de una dibujante se tratara, selecciona puntos de vistas que denotan curiosidad, dinamismo y frescura, construyendo su particular cuaderno de viajes. Las fotos aquí expuestas no son solo el resultado en imágenes de un viaje por diferentes ciudades europeas, es una propuesta, que se traslada a nuestra ciudad y nos invita a detenernos, alzar la vista y, quizás, redescubrir la ciudad que habitamos y que nos habita. Quizás nos descubramos a nosotros mismos como viajeros, contemplando una ciudad nueva que ha pasado desapercibida a nuestra mirada, oculta tras la neblina del esfumato. Detenernos y mirar de nuevo, de eso se trata, incluso aplicado a nuestras vidas. Seguro que nos llevamos más de una sorpresa.

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